El hombre que fue criopreservado durante décadas: la increíble historia de James Bedford.

¿Es posible conservar un cuerpo humano durante décadas con la esperanza de devolverlo a la vida algún día? Aunque parece una historia sacada de una película de ciencia ficción, existe un caso real que lleva más de medio siglo alimentando este debate: el de James H. Bedford, considerado el primer ser humano sometido a criopreservación con la esperanza de una futura reanimación.

Una imagen que circula ampliamente en redes sociales afirma que se trataba de uno de los hombres más ricos de Estados Unidos y que congeló su cuerpo durante 50 años esperando ser revivido en 2017. Sin embargo, detrás de esa publicación viral existe una historia real, aunque algunos de sus detalles han sido exagerados o modificados.

¿Quién fue James Bedford?

James Hiram Bedford fue un profesor estadounidense de psicología nacido en 1893. Murió el 12 de enero de 1967, a los 73 años, después de padecer cáncer de riñón que posteriormente afectó sus pulmones.

Lo que hizo que su muerte pasara a la historia no fue su fortuna, sino una decisión extraordinaria: permitió que su cuerpo fuera sometido a un procedimiento de criopreservación con la esperanza de que, en un futuro, una tecnología mucho más avanzada pudiera reparar los daños producidos por la enfermedad y por el propio proceso de preservación.

Guinness World Records reconoce a Bedford como la primera persona sometida a suspensión criónica después de su muerte.

¿Realmente estuvo congelado durante 50 años?

Sí, aunque la palabra «congelado» simplifica bastante el proceso.

Bedford fue preservado en 1967 y permaneció bajo conservación criónica durante décadas. En enero de 2017 se cumplieron 50 años desde su criopreservación, motivo por el que su historia volvió a ocupar titulares y a circular masivamente en Internet.

Actualmente continúa bajo el cuidado de Alcor Life Extension Foundation, una organización dedicada a la criónica en Arizona. La propia Alcor registra 1967 como el año en que Bedford se convirtió en el primer paciente preservado bajo condiciones controladas con el objetivo de una posible restauración futura.

¿Esperaba ser revivido en 2017?

Aquí aparece una de las principales confusiones de la publicación viral.

Que en 2017 se cumplieran 50 años desde su preservación no significa que Bedford tuviera programada una reanimación para ese año.

La criónica funciona sobre una premisa mucho más incierta: conservar el cuerpo después de la muerte esperando que, algún día, la medicina y la tecnología puedan reparar las estructuras celulares y, potencialmente, restaurar las funciones biológicas.

No existe actualmente una tecnología capaz de devolver a la vida a un ser humano que haya permanecido criopreservado durante décadas.

De hecho, fuentes especializadas señalan que ningún ser humano criopreservado ha sido revivido hasta la fecha.

¿Era el hombre más rico de Estados Unidos?

No hay evidencia sólida que respalde la afirmación de que James Bedford fuera «el hombre más rico de América».

Ese detalle parece formar parte del contenido sensacionalista añadido a la imagen viral para aumentar su impacto.

Bedford sí dejó dinero destinado a la investigación relacionada con la criónica. Sin embargo, las fuentes históricas sobre su caso lo identifican principalmente como profesor de psicología, no como uno de los hombres más ricos del país.

Por eso, es importante separar la historia auténtica de los elementos llamativos que suelen agregarse cuando un contenido se vuelve viral en redes sociales.

Mi abuelo vio a mi bebé y dijo: «Esto es imposible. No tienes idea de lo que has hecho»

¿Cómo se conserva un cuerpo durante tanto tiempo?

La criónica busca reducir al mínimo el deterioro biológico mediante temperaturas extremadamente bajas.

En los procedimientos modernos, se utilizan sustancias llamadas crioprotectores, cuyo objetivo es disminuir la formación de cristales de hielo que pueden destruir las estructuras celulares. Posteriormente, el paciente se enfría hasta temperaturas criogénicas y se mantiene en recipientes especiales con nitrógeno líquido.

Alcor explica que sus pacientes permanecen a temperaturas cercanas a −196 °C, donde prácticamente se detiene la actividad metabólica.

El procedimiento realizado con Bedford en 1967 fue mucho más rudimentario que las técnicas modernas. En aquel momento, la criónica apenas comenzaba a desarrollarse y muchas de las tecnologías actuales todavía no existían.

El cuerpo de Bedford sobrevivió a varios traslados

La historia se vuelve todavía más sorprendente cuando se conoce lo que ocurrió después de su preservación.

Durante los primeros años, el cuerpo de Bedford pasó por diferentes instalaciones y estuvo bajo la supervisión de su familia y de distintas organizaciones. Finalmente, Alcor asumió su cuidado.

En 1991, Bedford fue trasladado a un recipiente criónico más moderno. Posteriormente, sus instalaciones fueron trasladadas a Scottsdale, Arizona, donde permanece actualmente.

Su conservación durante tantos años convirtió su caso en uno de los ejemplos más conocidos de la historia de la criónica.

¿Podrá algún día despertar?

Esta es la gran pregunta que continúa sin respuesta.

La criónica no garantiza la resurrección. Su propósito es preservar las estructuras biológicas con la esperanza de que una tecnología futura pueda hacer lo que la medicina actual todavía no puede.

Por eso, hablar de Bedford como alguien que simplemente está «durmiendo» puede resultar engañoso. Legal y médicamente, murió en 1967. La posibilidad de una futura recuperación pertenece al terreno de una hipótesis tecnológica que todavía no ha sido demostrada en seres humanos.

Incluso Alcor reconoce que la eventual reanimación depende de avances científicos futuros.

Una historia real detrás de una imagen viral

La fotografía que circula en redes sociales ha convertido la historia de James Bedford en una especie de misterio: un hombre que habría desafiado a la muerte esperando regresar décadas después.

La realidad es incluso más interesante.

Bedford no fue simplemente un millonario que decidió «congelarse» durante 50 años. Fue un profesor que, ante una enfermedad mortal y en una época en la que la criónica apenas comenzaba a desarrollarse, aceptó convertirse en el primer caso humano de preservación criónica bajo condiciones controladas con la esperanza de que las generaciones futuras pudieran disponer de una tecnología capaz de restaurarlo.

En 2017 se cumplieron cinco décadas desde aquel acontecimiento. Y, más de medio siglo después, su cuerpo continúa preservado.

La pregunta que permanece

La historia de James Bedford plantea una pregunta que todavía no tiene respuesta definitiva:

Si la ciencia del futuro pudiera reparar un cuerpo conservado durante décadas, ¿sería posible devolverle la vida y recuperar su conciencia?

Por ahora, nadie conoce la respuesta.

Lo único comprobable es que James Bedford permanece criopreservado desde 1967 y que ningún ser humano ha sido reanimado después de una criopreservación de este tipo.

Su historia representa, al mismo tiempo, uno de los experimentos más audaces de la historia de la medicina y uno de los mayores interrogantes sobre los límites de la tecnología y la muerte.